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Siete años han pasado ya desde que Mario y compañía inaugurasen la serie “Paper” en Nintendo 64. Con estas nuevas aventuras se pretendía darle un nuevo giro de tuerca a la franquicia, añadiendo elementos RPG a un juego que seguiría manteniendo intacto su espíritu plataformero, y que para acabar de rematar la faena, estaba preparado para sorprender a propios y extraños con su inaudito apartado artístico.
La base del éxito del primer Paper Mario se debió en gran medida, aparte del auge de los RPGs a finales de los noventa, a su estética completamente inédita hasta el momento. Los personajes se movían libremente en escenarios tridimensionales como ya habíamos visto en muchos otros títulos de Nintendo64, pero la gran novedad radicaba en que pese a su tridimensionalidad, muchos de los elementos mantenían una estética en 2D. Estos estaba hechos de tal manera que parecía que los personajes y los escenarios eran dibujos recortados sobre una hoja de papel, dando una sensación de teatro de marionetas que resultó ser un soplo de aire fresco en el género de las 2D de la época.
Los diseños en los personajes con un estilo totalmente desenfadado y rebosante de humor, los toques plataformeros durante las escenas de exploración, y los combates por turnos con un sistema de inventario y experiencia calcado al de los RPGs tradicionales, fueron las principales armas de Paper Mario y de su secuela la Puerta Milenaria. Gracias a estos elementos y a la buena acogida tanto del público como de la crítica, sus dos primeros títulos se convirtieron en unos de los imprescindibles en las dos plataformas donde vieron la luz, Nintendo64 y GameCube. |